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80 años de historia


En la fotografía se muesta un montaje desde el mismo punto del estacionamiento del Estadio Nacional de Tegucigalpa, viendo hacia el Picacho. Este monumento se llamaba "de los deportes" en una foto del año 1928.

El cerro es el mismo, cubierto de más casas, antenas de telecomunicación, el rótulo de la Coca Cola y el Cristo del Picacho.

Pueden ver otros montajes aquí.
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Cementerio de Santa Lucia


Esta foto la tomé una tarde, en la comunidad Santa Lucía, a media hora de Tegucigalpa, Honduras. Recuerdo que cerca de allí hay unos lavanderos públicos, donde la gente lava ropa de una fuente natural de agua que pasa sobre la carretera.
El nalgazo que se pegó mi hijo tratando de saltar los lavanderos me costó una champuseada de la tapicería del carro, pero fue divertido.
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Cristo del Picacho


Es una estatua que fue construida en el cerro que colinda el norte de la ciudad de Tegucigalpa, en Honduras.
Recuerdo haber estado de dibujante con la empresa que hizo el vaciado, Consulcreto. Los moldes de fibra de vidrio fueron construidos en secciones de 1.50. La escultura fue diseñada por Zamora, un artista hondureño que reside en México.

Recuerdo que los evangélicos y católicos estuvieron a punto de irse a palos a la calle, discutiendo si se hacía o no la imágen.

Los siete segundos...


Iglesia católica de San Matías, es la última foto que recuerdo haber tomado en los siete segundos que cambian la vida...
Segundo 1, el spectra hacía dribles en neutral, para capearse los baches que están en la bajada de San Matías, cerca de la salida a la pavimentada.
Segundo 2, una semana de gira terrible, lunes había salido para Gracias, Lempira, martes había estado en Copán Ruinas, el miércoles en Trinidad Santa Bárbara y el jueves en Azacualpa, saliendo para La Ceiba casi de noche. El viernes en La Masica y viajé a Tegucigalpa. El cansancio de la noche me obligó a refugiarme en Siguatepeque, donde mi hija se había quedado, así que salí el sábado a las 5 am y llegué a Tegucigalpa a entregar unos equipos en la oficina. Por último había llevado a mi esposa y mis hijos a un evento en San Matías Resort, junto con una ración de chapsuey como para alimentar el gigante de los frijolitos mágicos.
Segundo 11, mi coche estaba saltando entre piedras, y arbustos mientras yo intentaba reaccionar al momento, finalmente se detuvo en unas rocas; mi pie estaba apretado al acelerador ante un inútil neutral. Intenté salir pero estaba embancado, así que esperé el bus que venía atrás y me sacaron con un lazo; una llanta se reventó y las otras dos hicieron buenos chichotes. El resto del coche me terminó de convencer que debía arreglar el golpe de la moto y las rayaduras de vecinos normales.

Entre el segundo 3 y el segundo diez, pasé uno de esos sueños de culto de oración a los nueve años, jeje. De haberse ido el carro al otro lado, estaría escribiendo los relatos angelicales.
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