Anciano en el parque

Si, han pasado muchos agostos; bien me arrecuerdo como este árbol era pequeño, nos subíamos a sus ramas y el padre nos sacaba corriendo a fajasos. Fue hace mucho, este pueblo apenas era de cuatro cuadras al rededor del parque; para ir a Tegucigalpa lo hacíamos en mula.

Mi hijo mayor esta en Nueva York, allá se hizo estilista; un día vino aquí con el pelo a la cintura, todo amarillo y unos mates que solo le duraron dos días pues lo corrí de la verguenza. El otro está en Miami, ese se casó y tiene unos bonitos niños, ha mandado fotos, pero no viene por aquí.

Solo me quedan mis nietos de la hija que está aquí, vive en Las Tres Rosas, ellos van a la escuela. También me atienden despues de que mi señora murió; allí les damos leche porque todavía nos quedan unas vaquillas y la misericordia de Dios.


...tomado de la interpretación de su mirada...
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Mala suerte en Tela

A muchos les habrá pasado, planifican todo para un fin de semana en la costa norte de Honduras, las opciones:

Tela
La Ceiba
Trujillo
Omoa


Pues decidimos por Tela, en el departamento de Atlántida. Los niños listos con sus salvavidas y una comadrona que los cuide. Las chicas lindas, con sus bikinis, protectores solares y todas esas ondas que se echan encima.

Nosotros con los implementos para experimentar surfing, dispuestos a quebrarnos un diente y una nevera llena de todo.
Llegamos a Progreso y la noticia del huracán Dean nos dejó con las ganas, las fotos salieron grises, comimos sopa de caracol y las burras que llevabamos de Tegucigalpa. Los niños jugaron nintendo y nosotros le sacamos provecho a las habitaciones del hotel, como Dios manda.
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El Falso

En muchos pueblos de centroamérica se le llama "falso" a una puerta formada por alambre de púas y troncos, como el de la gráfica. Es sorprendente como crecimos en estos ambientes naturales, de cinco años montábamos un caballo e ibamos al otro lado del río a buscar las vacas; luego apartábamos los terneros y por la mañana ordeñábamos también.

el sabor de la leche espumosa, en una hoja de guayaba es imposible de olvidar.
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Alfarería Hondureña

Visitar Ojojona, en Honduras es una experiencia enriquecedora de nuestros principios. La media hora que estuve parado mientras mi esposa despedazaba mi presupuesto comprando adornos para la casa me hicieron meditar como nosotros, que vivimos en una gran ciudad, acostumbrados a una vida citadina, somos tan inconscientes de lo que pasa en los poblados rurales.

En la gráfica, una mujer, con acento indígena posiblemente lenca, se encarga de pintar bonitos adornos de alfarería que ofrecen a los visitantes. Estos pueblos, ayudados por algunas Organizaciones No Gubernamentales (ONGs) han aprendido a sacarle provecho a su tierra y de alguna forma reducir el riesgo de pobreza.

Media hora bastó para que pintara cinco figuras del perro "Blue", dos perros dálmatas, le ajustó el tiempo para coscorronear dos cipotes traviesos y vigilar que los míos no rompieran nada. A, sí también le dio tiempo de vendernos dos porta maceteras y unas figurillas que ya puestas se ven bonitas. jeje

Parque celaque



De tin marin de dos pingue, que no me caigo de esta rama a la posa helada.

No es un equilibrista del circo, es un amigo haciendo piruetas en un tronco sobre una quebrada que desciende del Parque Celaque, en Lempira.

Semana Santa en Choluteca

Con todo el ruido que se hizo, que Honduras iba a tener el día más caluroso, todos salimos corriendo lejos de Choluteca.

Todos menos la niña de esta foto, en el Hotel Gualiqueme, donde con el pesar en el alma de no sambullirse, debió tragarse el regaño por andar con gripe. Aún así no hizo calor, más bien un buen aguacero toda la noche.
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Niños sembradores de Chiles


Esta foto la tomé en una zona cerca de la frontera Honduras Guatemala, llamada por esa razón "Nueva Frontera", anteriormente llamado Tras cerros.

En la foto un puñado de niños trabajan en una plantación de chiles, de esos rojos. Recuerdo que mi abuelita cosechaba chiles, los ponía a secar al sol, luego los tostaba y los molía con la piedra, los mezclaba con comino molido, sal y achiote; quedaba delicioso para pegarse una buena enchilada.

Sinceramente no se que hacen los niños con esos chiles, posiblemente trabajan con una organización no gubernamental (ong), procesan el chile y lo venden al mercado local. Cuando traté de acercarme el vigilante me enseñó una escopeta, supongo para que le dijera que calibre era, lastimosamente no se lo pude decir, la prisa por llegar a tiempo a Azacualpa me lo impidió.

Tu compañía gris

Me gusta esta foto, porque la tarde que la tomé estaba gris, triste y alegre. Mis dos chiquillos me tenían desesperado con sus inventos, gritos y quejas; por un momento se me ocurrió pensar: -cuantos en esta vida deciden quedarse con sus códigos .net sin compilar tratando de cuidar un cierto amor por la soledad que inicia a los veintidos y termina a los treintaicutaro.

Un día llegué a la oficina de mi jefe, mi volvió la mirada con los mismos ojos de sapo desvelado, tal como era su apodo. Su sonrisa invisible medio sonó cuando vio en mi mano el obsequio que le llevaba, la invitación a mi boda.

-es penquado, me dijo, luego de hacerme veinte preguntas.
Que si donde iba a vivir, que cuantos años tenía, que si era la misma chica de los colochos de Nacaome, que si ocupaba permiso, blablabla

A esta vida venimos solos, nuestros hermanos nos hacen un bullicio que termina a los diciocho, luego volvemos a sentirnos solos y hacemos un remache cuando nos casamos, dos, solitarios, apasionados. Luego llegan nuestros chiquillos, y nos cambian la forma de ver el mundo, nuestras diferencias, nuestros sueños. No hay tiempo para analizar, volver la mirada, mucho menos para remorderse la conciencia.

Un día, estaremos llenos de canas, de arrugas y de quejas... y seguramente, alegres de haber cambiado nuestra hamburguesa del lunes por un par de tortillas con quesillo de domingo.

...y me duele tu compañía, porque sin ella me duele la soledad.
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