Alfarería Hondureña

Visitar Ojojona, en Honduras es una experiencia enriquecedora de nuestros principios. La media hora que estuve parado mientras mi esposa despedazaba mi presupuesto comprando adornos para la casa me hicieron meditar como nosotros, que vivimos en una gran ciudad, acostumbrados a una vida citadina, somos tan inconscientes de lo que pasa en los poblados rurales.

En la gráfica, una mujer, con acento indígena posiblemente lenca, se encarga de pintar bonitos adornos de alfarería que ofrecen a los visitantes. Estos pueblos, ayudados por algunas Organizaciones No Gubernamentales (ONGs) han aprendido a sacarle provecho a su tierra y de alguna forma reducir el riesgo de pobreza.

Media hora bastó para que pintara cinco figuras del perro "Blue", dos perros dálmatas, le ajustó el tiempo para coscorronear dos cipotes traviesos y vigilar que los míos no rompieran nada. A, sí también le dio tiempo de vendernos dos porta maceteras y unas figurillas que ya puestas se ven bonitas. jeje

Parque celaque



De tin marin de dos pingue, que no me caigo de esta rama a la posa helada.

No es un equilibrista del circo, es un amigo haciendo piruetas en un tronco sobre una quebrada que desciende del Parque Celaque, en Lempira.

Semana Santa en Choluteca

Con todo el ruido que se hizo, que Honduras iba a tener el día más caluroso, todos salimos corriendo lejos de Choluteca.

Todos menos la niña de esta foto, en el Hotel Gualiqueme, donde con el pesar en el alma de no sambullirse, debió tragarse el regaño por andar con gripe. Aún así no hizo calor, más bien un buen aguacero toda la noche.
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Niños sembradores de Chiles


Esta foto la tomé en una zona cerca de la frontera Honduras Guatemala, llamada por esa razón "Nueva Frontera", anteriormente llamado Tras cerros.

En la foto un puñado de niños trabajan en una plantación de chiles, de esos rojos. Recuerdo que mi abuelita cosechaba chiles, los ponía a secar al sol, luego los tostaba y los molía con la piedra, los mezclaba con comino molido, sal y achiote; quedaba delicioso para pegarse una buena enchilada.

Sinceramente no se que hacen los niños con esos chiles, posiblemente trabajan con una organización no gubernamental (ong), procesan el chile y lo venden al mercado local. Cuando traté de acercarme el vigilante me enseñó una escopeta, supongo para que le dijera que calibre era, lastimosamente no se lo pude decir, la prisa por llegar a tiempo a Azacualpa me lo impidió.

Tu compañía gris

Me gusta esta foto, porque la tarde que la tomé estaba gris, triste y alegre. Mis dos chiquillos me tenían desesperado con sus inventos, gritos y quejas; por un momento se me ocurrió pensar: -cuantos en esta vida deciden quedarse con sus códigos .net sin compilar tratando de cuidar un cierto amor por la soledad que inicia a los veintidos y termina a los treintaicutaro.

Un día llegué a la oficina de mi jefe, mi volvió la mirada con los mismos ojos de sapo desvelado, tal como era su apodo. Su sonrisa invisible medio sonó cuando vio en mi mano el obsequio que le llevaba, la invitación a mi boda.

-es penquado, me dijo, luego de hacerme veinte preguntas.
Que si donde iba a vivir, que cuantos años tenía, que si era la misma chica de los colochos de Nacaome, que si ocupaba permiso, blablabla

A esta vida venimos solos, nuestros hermanos nos hacen un bullicio que termina a los diciocho, luego volvemos a sentirnos solos y hacemos un remache cuando nos casamos, dos, solitarios, apasionados. Luego llegan nuestros chiquillos, y nos cambian la forma de ver el mundo, nuestras diferencias, nuestros sueños. No hay tiempo para analizar, volver la mirada, mucho menos para remorderse la conciencia.

Un día, estaremos llenos de canas, de arrugas y de quejas... y seguramente, alegres de haber cambiado nuestra hamburguesa del lunes por un par de tortillas con quesillo de domingo.

...y me duele tu compañía, porque sin ella me duele la soledad.
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Iglesia de Protección

Es un municipio apartado del departamento de Santa Bárbara, cerca del valle de Quimistan.
Bonito lugar, pero no tienen idea que terrible es llegar por ese lado, cuando llueve y los coheteros se han tomado la carretera... hasta un puente hamaca se puede pasar, con la misma sensación del tunel de Otoniel.
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Cementerio de Santa Lucia


Esta foto la tomé una tarde, en la comunidad Santa Lucía, a media hora de Tegucigalpa, Honduras. Recuerdo que cerca de allí hay unos lavanderos públicos, donde la gente lava ropa de una fuente natural de agua que pasa sobre la carretera.
El nalgazo que se pegó mi hijo tratando de saltar los lavanderos me costó una champuseada de la tapicería del carro, pero fue divertido.
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Niños a la escuela

Esta es la foto que se usó para el cuento "solo dos años", son dos niños caminando por el parque de San Luis, Santa Barbara; al fondo la iglesia con sus grabados en colores.

Causa una sensación similar a la del relato, todos nuestro compatriotas que un día se van para Estados Unidos, España u otro país en busca de mejores oportunidades. Como las encuentran, luego no pueden volver tan fácilmente y suelen perder sus vínculos.


Cada día, cuando voy a dejar mis chiquillos a la escuela, y los dejo allí con su uniforme color beige del Instituto Virginia Sapp, pienso en lo difícil que sería despertar un día y haberme perdido cada una de sus carcajadas. Pasé dos meses en Guatemala sufriendo cada noche, cada teclazo, esa sensación del amor en lenguaje distante... debe ser difícil no tener opciones y cambiar la única que se tiene por seis mil millas y veintidos años.
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